» Interjección indomable «

 

Eduardo Triana

 

La imagen que a menudo hemos dado los coños al mundo es la de mascotas silvestres del habla, usados para cualquier exclamación, al encontrarnos invariablemente dispuestos a ser oídos. No ha sido siempre así la realidad de todos.  A mi, por ejemplo, me tocó vivir dentro de un tipo al que no se iba ni un coño. Miles  viviendo hacinados en su psiquis, tropezando unos con otros y añorando que  el sujeto se diera un martillazo en un dedo para  escapar por su boca. Muchos terminaron en conchos para poder sobrevivir. Yo nunca me dejé doblegar. Al final, que coño me importaba, si de todas formas estaba encerrado en sus entrañas por ser uno. Gracias a dios, el alcohol lo traicionó una noche. Dormido en medio de una pesadilla, se enfrascó en una discusión con nosotros. No sólo nos mencionó por nuestro nombre sino también nos repitió en alta voz y una gran cantidad logró huir.  Recuerdo que salí disparado como un coñonazo por el ambiente.  Crucé la barrera linguística y me perdí en una multitud de habla inglesa donde los coños suelen confundirse con conos por falta de ñ. Tuve la suerte de conocer a una dama de mi misma clase y hoy vivo feliz junto a la señora «Damn it»con quien formo un bello hogar semiótico.