La Genialidad

Hernán Henríquez

 

Todo niño nace genio. El cerebro del recién nacido todo lo aprende e interpreta, nada lo detiene en su desarrollo hacia la genialidad, hasta que llega ese momento funesto en que un adulto lo frena con un ¡NO! que frustra su búsqueda para siempre: sólo continúa buscando aquel que logra mantener viva su curiosidad.

Ocurrió que un día, mi hijo Fobos, con sus apenas dos años y medio de edad, parado en el medio de la sala de la casa, bañado por la clara luz de la mañana que entraba por la ventana, me hizo una pregunta.

—Papá, ¿por qué el culo no tiene espalda?

La pregunta me resultó enigmática.

—¿Cómo, qué dices… que el culo… qué?

Mi hijo, impaciente, me volvió a preguntar casi gritando:

—¡Qué por qué el culo NO tiene espalda!

Francamente, no pude darle respuesta porque, por más vueltas que le daba, no sabía QUÉ me estaba preguntando. Hoy día, 50 años después, todavía no tengo respuesta. Él nunca más me volvió a preguntar, pero estoy seguro que, en su fresca mente infantil, su pregunta partía seguramente de una gran genialidad.