Desde los tiempos en que aquel anónimo y prehistórico pintor dejó su tributo a los bisontes en las venerables cuevas de Altamira la influencia en el arte ha sido parte del arte mismo. Así, a lo largo de la historia ha habido artistas cuya dimensión ha sido tal que otros hacedores de arte los han imitado, sobre todo cuando los mencionados hacedores han comenzado a dar sus primeros pasos artísticos y aún no han encontrado su propia voz. O como quiera llamársele. En otras palabras, todos hemos copiado a/de alguien alguna vez (o muchas veces) y para justificar nuestros pecados, hemos aprendido a catalogarlos de acuerdo a nuestra conveniencia. Entonces escuchamos cosas como “Fulano copia a Mengano”. O “Fulano se está apropiando del estilo de Mengano”. O el más inocuo y sutil “Fulano le está rindiendo tributo a Mengano”.

Si uno se pone a analizar la cosa, todo el arte contemporáneo es descendiente directo de aquel anónimo y prehistórico pintor altamirano, cuyo nombre hemos olvidado porque muy pocos vivimos en aquella época. Entonces, en dependencia de cómo uno quiera mirarlo, la humanidad se ha pasado siglos plagiándolo, apropiándose de sus bisontes, o rindiéndole un muy merecido homenaje.

Por cierto, ¿se fijaron en el título? ¿A que no adivinan a quién estamos rindiendo merecidísimo tributo?

El que esté libre de culpa…