Mayeya, ciudadana

 

Obdulio Duparol

 

Mi querida esposa recientemente alcanzó la condición de ciudadana de los Estados Unidos, un proceso muy sencillo que quiero compartir con mis fans de DosBufones: 

Amigo(a), tú que aspiras a ser ciudadano(a) de este gran país, escucha bien: ¡No tienes que preocuparte en lo más mínimo! Como tampoco lo hiciste cuando anunciaron la pandemia en marzo, ¿te acuerdas? El proceso comprende unos pasos muy simples que te explico a continuación:

De entrada, vas a pagar $725, que es lo que cuesta la solicitud. El chequecito que te envió el gobierno hace un par de meses te servirá para eso. Eh… ¿lo gastaste…? Mmm… No importa, ya encontrarás alguien que te preste la plata.

Una vez que hayas enviado la solicitud y el dinero, te citarán para una entrevista en la que tomarás un examen de historia de este país. Pero no te atormentes, son sólo cien preguntas, muy sencillas todas. A manera de ejemplo: ¿Cuál era la marca favorita de ropa interior de Martha, la esposa de George Washington? Facilito, ¿verdad?

El tercer paso consiste en demostrar tu conocimiento básico del inglés. O sea, del idioma que casi nadie habla en Miami. Para ello el oficial de inmigración te hará algunas preguntas, todas muy simples, como nombre, edad y las últimas diecinueve direcciones donde hayas vivido. Acto seguido te pedirá que recites de memoria la Declaración de Independencia, teniendo especial cuidado en identificar a los 56 firmantes. Y después te animará a que hagas un resumen oral de los siete Artículos y veintisiete Enmiendas de la Constitución. ¡Sen-ci-llí-si-mo!

Si pasas esas dos pruebas, de lo cual no tengo la menor duda, entonces tendrás que traducir a la lengua de Shakespeare diez páginas de tuits del presidente actual. ¡Nada que no puedas hacer con los ojos cerrados y mascando chicle!

Si por casualidad te equivocas en una de esas tareas, no hay problema, reprobarás digna y automáticamente. Lo bueno es que nadie te podrá quitar el derecho a empezar el proceso de nuevo y, claro, pagar otros $725.

Dice mi esposa que para ella todo fue coser y cantar. Y como prueba, ahí está en la foto, escondidita detrás de la bandera, aguja en mano y tarareando el himno nacional, orgullosa de su nueva ciudadanía.

¡Felicidades Mayeya!