De Kennedy a Trump: la música de los presis

 

Obdulio Duparol

 

¿Quién dijo que los tiempos de pandemia son aburridos? Yo me entretengo muchísimo hurgando en la historia y enterándome de chismes insospechados. Ahora mismo acabo de terminar una investigación sobre la música preferida de los inquilinos de la Casa Blanca en los últimos sesenta años y la quiero compartir con mis fans, pa que se ilustren.

Empecemos por John F. Kennedy. El momento cumbre de su presidencia tuvo lugar durante la llamada Crisis de los Misiles de 1962, de ahí que su tema favorito fuera “Llévame a la Luna”, de Frank Sinatra. Porque si la cosa no le hubiera salido bien…

A Kennedy le siguió Lyndon Johnson, quien, por ser tejano, le gustaba la música country. Pero como firmó la Ley de Derechos Civiles en 1964, terminó mezclando el country con el sonido de Motown y los Temptations. Había que verlo con sus botas y sombrero de cowboy, cantando “My Girl” a voz en cuello por los pasillos de la mansión ejecutiva.

Después de Johnson vino Richard Nixon y los enredos de Viet Nam y Watergate. Su música favorita se perdió junto a unas grabaciones que nunca se supo qué contenían, aunque se asegura que no eran temas del festival de Woodstock precisamente.

Gerald Ford se instaló en la presidencia, por carambola, entre 1974 y 1977 y era fan de Led Zeppelin. Intentó dejarse el pelo largo y enredado como Robert Plant, pero no pudo. Era calvo.

A Ford le sucedió Jimmy Carter que, como buen granjero de Georgia, también le gustaba la música country, pero con un toque de Ray Charles. Carter detestaba las melodías iraníes, no se sabe bien por qué.

¡Ah, Reagan! El viejo Ronald se pasó ocho años en la Casa Blanca escuchando el tema de la Guerra de las Galaxias. Aunque hubo un momento en que se obsesionó con el muro de Berlín, por lo que se supone que era admirador de Pink Floyd.

George Bush padre siguió a Reagan y fue presidente, pero sólo por cuatro años. Ganó la primera guerra del Golfo y amaba a The Who. Tanto disfrutaba como hacían añicos los instrumentos al final de sus actuaciones, que se inspiró en ellos para destruir la economía.

Bill Clinton tocaba (¿toca?) el saxofón bastante bien.  Reconstruyó la economía, pero tenía (¿tiene?) una debilidad por las mujeres, lo que explica que sus canciones favoritas fueran (¿sean?) Pretty Woman y Ladies’ Man.

A Bill le siguió George Bush hijo, quien, fiel al legado de su padre, volvió a desbaratar la economía. También era admirador de The Who.

Barack Obama, que vino después de Bush Jr., no tuvo mucho tiempo de escuchar música, ocupado como estaba en reconstruir la economía. No obstante, se sabe que su gusto musical es bastante ecléctico. Lo mismo que sus ancestros.

Y culminamos este recorrido con Donald Trump, que además de revertir todo lo que hizo Obama, le encanta jugar golf. La única música que el Don escucha son grabaciones de sus propios discursos, porque disfruta enormemente oyéndose a sí mismo.

Y hasta aquí mi estudio. Si quieren rebatirme algún punto, hagan el suyo.

¡Pa que se entretengan durante la pandemia, chico!