¿Racistas nosotros? ¡Naaa…!

 

 

 

Obdulio Duparol

 

La lluviosa tarde miamense va cayendo con rapidez y, antes de que choque contra el piso y se haga añicos, siento sonar mi teléfono. Veo un nombre conocido en la pantalla y enseguida respondo:

—Dime, Eladio, ¿qué hubo?

—Obdu, brother, ¡lo que me acaba de pasar! Resulta que me pongo a hablar con Juan C., el que trabajaba conmigo, y me ha dicho que soy un racista. ¿Te imaginas?

—¡No puede ser! ¿Cómo es posible?

—¡Como te lo cuento! Yo le decía a Juan C. lo que todo el mundo sabe: que nosotros no tenemos la culpa de ser los mejores. Que ni los americanos blancos, ni los negros, ni los chinos, ni los indios se pueden comparar con…

—¿Los indios de la India…?

—¡No, chico! ¡Los que viven de la frontera pabajo! Ninguno de ellos nos gana en inteligencia, laboriosidad, tesón, chispa… Pero ellos no quieren entenderlo, no sé por qué.

—¿Y los europeos?

—Algunos se acercan un poco a nosotros. Pero la mayoría son una pila de muertoehambres que tuvieron que salir de sus países con una mano atrás y otra alante.

—Igual que nos pasó a nosotros, ¿no?

—¡Naaa! ¡Nosotros somos refugiados po-lí-ti-cos, papa! ¡Es muy distinto! Nos fuimos de allá porque ansiamos vivir en libertad. Pero volviendo al tema, Juan C. no acepta que seamos superiores.

—¿Y por eso te llamó… racista?

—Así mismo. ¡Ra-cis-ta! Dime tú, ¿qué culpa tenemos nosotros de ser número uno en todo? ¡Lo que nos tienen es una envidia que se los come, chico!

—Sí, sobre todo eso.

—Bueno, te dejo ahora. Tengo que depositar el cheque del desempleo. Entre la pandemia y la crisis, ando con la lengua afuera. Suerte que, cuando reelijamos al presidente en noviembre, las cosas van a mejorar. ¡Ese tipo es un duro! Vaya, ¡como nosotros! ¡Chao, Obdu!

Eladio cuelga y me quedo pensando que, efectivamente, no sé por qué no entienden que somos los mejores. Al menos en ego, lo somos. En lo demás…