Ejercicios en tiempos de pandemia

 

 

Obdulio Duparol

Con toda la ansiedad generada por el Covid y la falta de actividad física, mi amigo Eustaquio —que está ligeramente pasado de peso en algo así como 150 libras— ha decidido seriamente comenzar a moverse. Hoy hizo su primera tanda: le dio diez vueltas al patio de su casa miamense a paso moderado. Dice mi amigo que no hay que extenuarse al principio y que, como camina escuchando reguetón en sus audífonos, la música le hace perder peso de forma subliminal, porque se imagina que está bailando.

Eustaquio me llamó por WhatsApp poco después de terminar su sesión. Estaba todo sudado y jadeante, porque el calor de Miami no perdona. Le pregunté cómo le había ido.

—Muy bien. Me siento como un hombre nuevo— me respondió.

—¿Y qué vas a hacer ahora?

—Voy a darme una ducha y cenar.

—Me imagino que comerás con moderación, ¿no?

—¡Claro Obdu! No voy a recuperar las calorías que he quemado. Sólo tengo arroz con frijoles negros, bistec de palomilla, papas fritas, tostones, ensalada de aguacate, un vaso de batido de mamey y de postre una cuña de cake.

—¿Eso nada más? ¡Te vas a desnutrir…!

—Bueno, pan con mantequilla para acompañar y café al final.

—Ya veo. Supongo que no comerás más hasta mañana…

—Bueno, quizás la mitad de la pizza que quedó del almuerzo, con otro vaso de batido de mamey, antes de acostarme. ¡Es que esos ejercicios te dejan con un hambre, brother…!

Eustaquio se despide y, cuando sale del WhatsApp, no sé si echarme a reír… o llorar.